Popol Vuh Antiguas Leyendas del Quiché, Versión y prólogo de Emilio Abreu Gómez, © Ediciones Oasis, S. A. 1965

“Entonces no había gente, ni animales, ni árboles, ni piedras, ni nada. Todo era un erial desolado y sin límites.  Encima de las llanuras el espacio yacía inmóvil; en tanto que, sobre el caos, descansaba la inmensidad del mar. (…) Ninguna cosa se veía de pie. Sólo se sentía la tranquilidad sorda de las aguas, las cuales parecía que se despeñaban en el abismo. En el silencio de las tinieblas vivían los dioses que se dicen: Tepeo, Gucumatz y Hurakán (…)
Cuando los dioses llegaron al lugar donde estaban depositadas las tinieblas,  hablaron entre sí, manifestaron sus sentimientos y se pusieron de acuerdo sobre lo que debían hacer.
Pensaron cómo harían brotar la luz la cual recibiría alimento de eternidad. La luz se hizo entonces en el seno de lo increado. (…) dijeron:
-Es bueno que se vacíe la tierra y se aparten las aguas de los lugares bajos, a fin de que estos puedan ser labrados. (…) De los frutos cosechados vendrán los pobladores que habrán de venir (…)
(…) Entonces se apartaron las nubes que llenaban el espacio que había entre el cielo y la tierra.
Debajo de ellas y sobre el agua de la superficie, empezaron a aparecer los montes y las montañas que hoy se ven. En los valles se formaron macizos de cipreses, de robles, de cedros y de álamos. (…)
 
Al ver lo hecho, los dioses dijeron:
-La creación primera ha sido concluida  y es bella delante de nuestros ojos.
(…) decidieron poner (…) a las bestias y a los animales. (…) Ambulaban sin orden ni concierto. (…), los dioses se juntaron otra vez y dijeron:
(…)- Ahora según vuestra especie, debéis decir nuestros nombres para que sepáis quién os creó y quién os sostiene (…)
Pero los tales no hablaron (…) Al ver esto los dioses, dolidos, entre sí dijeron:
-(…) por no haber hablado ni tenido conciencia de quiénes somos nosotros (vuestras carnes serán destazadas y comidas (…) y os comeréis los unos a los otros sin repugnancia. Éste y no otro será vuestro destino, porque así queremos por justicia que sea.
 
 
(…) Pronto serían perseguidos y sacrificados y sus carnes rotas, cocidas y devoradas por las gentes de mejor entendimiento que iban a nacer.
Los dioses idearon nuevos seres capaces de hablar y de recoger, en hora oportuna el alimento sembrado y crecido en la tierra.
 Por esto dijeron:
-¿Qué hacemos para que las nuevas criaturas que aparezcan sepan llamarnos por nuestros nombres y entiendan, porque es justo, que han de invocarnos como a sus creadores y a sus dioses? (…)
Después de decir tales palabras empezaron a formar, con barro húmedo, las carnes del nuevo ser que imaginaban (…) vieron, además, que estos muñecos no podían permanecer de pie, porque se desmoronaban, deshaciéndose en el agua.
Sin embargo, el nuevo ser tuvo el don de la palabra. (..) pero no tuvieron conciencia de lo que decían, (…) Al ver esto los dioses dijeron:
-¿Cómo haremos para formar otros seres que de veras sean superiores, oigan, hablen, comprendan lo que dicen, nos invoquen y sepan lo que somos y lo que siempre seremos en el tiempo?
(…) Entonces la luz de un relámpago iluminó la conciencia de la nueva creación.
 Los nuevos seres fueron hechos de madera
 (…) Ambulaban como seres inservibles. Eran muertos con vida. (…) tampoco comprendieron quiénes eran los dioses, cayeron en desgracia. (…) resultaron estorbosos. En su torpeza no comprendieron tampoco la presencia de los dioses, padres y señores de lo que respira y madura. (…) Por esta causa también fueron condenados a morir. Cuando menos lo esperaban vino sobre ellos una lluvia de ceniza que opacó su existencia. La ceniza cayó sobre sus cuerpos violenta y constantemente, como si fuera arrojada con furia por mano fuerte y desde arriba. 
Luego los dioses dispusieron que la tierra se volviera a llenar de agua y que ésta corriera por todas partes y cayera en los abismos y los barrancos y los rebosara y subiera sobre las rocas y los montes y más allá de los picachos de las más altas cimas y rozara el fleco de las nubes. Así sucedió, esta inundación que duró muchas lunas lo destruyó todo.
Todavía los dioses hicieron nuevos seres con nueva sustancia natural. De tzite  fue hecho el hombre; de espadaña, la mujer; pero tampoco correspondieron estas figuras a la esperanza de sus creadores. 
 (en la versión de Adrián Recinos dice: “(…) una resina abundante vino del cielo
(…) y esto fue para castigarlos porque no habían pensado ni en su madre ni en su padre, el Corazón del Cielo, llamado Huracán (…) y los palos y las piedras les golpearon las caras (…) moleremos y reduciremos a polvo vuestras carnes, les dijeron sus piedras de moler (…) las piedras del hogar que estaban amontonadas se arrojaron directamente desde el fuego contra sus cabezas causándoles dolor”)
Por eso se presentó el pájaro Xecotcovah, el cual clavó sus garras en la tierra y sacó con su pico la yema de los ojos de aquellos seres.  Vino luego el felino Cotzbalam, el cual hurgó sus cuerpos, rasgó sus venas y mascó sus huesos, hasta dejarlos convertidos en astillas. Vinieron en seguida otras fieras no menos crueles que se cebaron en sus despojos.
Sucedió que, a raíz de esto, se oscureció la tierra con oscuridad grande y de mucho miedo, como si descendiera sobre lo creado un manto espeso y poblado de tinieblas.
(…) Así, apretados, unos al lado de los otros huyeron de aquel lugar cual si se alejaran de sitio apestado.  Como pudieron, azorados, atropellándose subieron sobre los techos de las casas, pero los armazones y las vigas se hundieron;
 treparon sobre los árboles, pero las ramas se quebraron; entraron en las cuevas, pero las paredes se derrumbaron.
 
Y todavía los que no murieron bajo las chozas ni se rajaron los huesos bajo los árboles, ni se desangraron bajo las cuevas, ciegos de miedo y de ira acabaron por despedazarse entre sí.  Los pocos que no sufrieron quebranto, como recuerdo de la simpleza de sus corazones se transformaron en monos.  Estos se fueron por ahí y se perdieron en el monte, llenándolo con la algazara que salía de sus hocicos.  Por esa causa los monos son los únicos animales que semejan y evocan la forma de los primitivos seres humanos de la tierra quiché.
 
Entonces los dioses se juntaron otra vez y trataron acerca de la creación de nuevas gentes, las cuales serían de carne, hueso e inteligencia. (…), dijeron:
-Esta es la hora propicia para bendecir la comida de los seres que pronto poblarán estas regiones.
(…) A tiempo que sucedía esto faltaba poco para que el sol, la luna y las estrellas aparecieran en el cielo.
(…) Cuando todo lo que se dice fue revelado, fueron desgranadas las mazorcas
y, con los granos sueltos, desleídos en agua de lluvia serenada hicieron las bebidas necesarias para la creación y para la prolongación de la vida de los nuevos seres. 
Entonces los dioses labraron la naturaleza de dichos seres. Con la masa amarilla y la masa blanca formaron y moldearon la carne del tronco, de los brazos y de las piernas. Para darles reciedumbre les pusieron carrizos por dentro.
Cuatro gentes de razón no más fueron primeramente creadas así. Luego (…) se les requirió para que pensaran, hablaran, vivieran, sintieran, caminaran y palparan lo que existía y se agitaba cerca de ellos.
Pronto mostraron la inteligencia de que estaban dotados, porque, en efecto, como cosa natural que salió de sus espíritus entendieron y supieron cuál era la realidad que los rodeaba. (…). Aunque todavía la superficie de la tierra estaba sumida en tinieblas, tuvieron poder para mirar lo que no había nacido ni era revelado.
(…). Estos seres fueron Balam Quitzé, Balam Acab, Mahucutah e Iquí Balam.
 (…)
Bal-am Quitzé habló, a nombre de los demás, de esta manera:
-Nos habéis dado la existencia; por ella sabemos lo que sabemos y somos lo que somos; por ella hablamos y caminamos y conocemos lo que está en nosotros y fuera de nosotros. (…) Así percibimos ya dónde descansan y se apoyan las cuatro esquinas del mundo  las cuales marcan los límites de lo que nos rodea por abajo y por arriba.
(…) los dioses conversaron entre sí:
-(…) Hagamos que los nuevos seres conozcan una parte de la tierra que les rodea. Sólo algo de lo que existe les será revelado. No lo conocerán todo, porque no sabrían comprender su sentido ni menos usarlo con provecho. Se engañarían con el secreto que tiene el orden del caos. Es preciso limitar sus facultades (…) si los abandonamos y llegan a tener hijos, éstos, sin duda, percibirán más que sus abuelos y habrá un momento en que entiendan lo  mismo que los propios dioses (…) si no se hace esto pretenderán, en su locura y desvío, ser tanto o más que nosotros mismos. Estamos a tiempo para evitar este peligro, que será fatal para el orden fecundo de la creación.
(Dice Adrián Recinos, P 105 “(…) Fueron dotados de inteligencia; vieron y al punto se extendió su vista, alcanzaron a ver (…) Las cosas ocultas –por la distancia- las veían todas, sin tener primero que moverse (…) grande era su sabiduría (…)  P 106 Y así celebraron consejo nuevamente los progenitores: -¿Qué haremos ahora con ellos? ¡Que su vista sólo alcance lo que está cerca, que sólo vean un poco de la faz de la tierra! (…) ¿Acaso no son por naturaleza simples criaturas y hechuras [nuestras]? ¿han de ser ellos también dioses? (…) así hablaron y en seguida cambiaron la naturaleza de sus obras, sus criaturas (…) y sólo pudieron ver lo que estaba cerca, sólo esto era claro para ellos.”
A fin de que estas gentes no estuvieran solas, los dioses crearon otras del sexo femenino. (…). Durmieron a los machos y mientras dormían crearon a las hembras, junto a ellos las pusieron desnudas y quietas, como si fueran muñecos de madera pulida. Cuando los machos despertaron las vieron con regocijo, porque, en efecto, eran hermosas. (…) y las tomaron por compañeras. (…) una vez que estas parejas se vieran con regalo y se conocieron en la intimidad de sus cuerpos, engendraron nuevos seres con quienes se empezó a poblar la tierra. Muchos de estos seres nacidos fueron, con el tiempo, grandes y diestros; y poseyeron artes difíciles, no reveladas nunca a los vulgares.  Por esta razón los dioses, desde las tinieblas, los escogieron para ser Adoradores y Sacrificadores, que son oficios de dignidad que no a todos cuadra ni conviene.
De esta suerte Balam Quitzé    y los otros abuelos resultaron ser el principio de las gentes que luego vivieron y se desarrollaron durante las peregrinaciones (…). Estos seres primitivos se propagaron por la tierra que está en la región del Oriente”.

 

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